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Bombillas LED: por qué la iluminación no es un residuo cualquiera

Cambiar una bombilla fundida es uno de los gestos domésticos más automáticos que existen.

Durante décadas, ese gesto terminaba igual para cualquier tipo de bombilla: a la basura, sin más. Con la iluminación LED, eso ha dejado de ser así, aunque muchos hogares todavía no lo saben.

La razón técnica que cambia la gestión del residuo

Una bombilla incandescente o halógena tradicional es, en esencia, un filamento que se calienta hasta emitir luz: no lleva ningún componente electrónico en su interior. Una bombilla LED es distinta por dentro.

Para funcionar, necesita un pequeño circuito conocido como “driver”, que transforma la corriente alterna de la vivienda en la corriente continua de bajo voltaje que requieren los diodos LED, además de un disipador que evita que el chip se sobrecaliente.

Ese circuito, por pequeño que sea, convierte a la bombilla LED en un aparato electrónico. Es precisamente ese componente lo que hace que la normativa la clasifique como RAEE, algo que no ocurre con una bombilla incandescente o halógena convencional.

Cuando la Unión Europea impulsó la sustitución progresiva de la iluminación incandescente por tecnología LED, también amplió el ámbito de la normativa de residuos electrónicos para incluir estas nuevas bombillas.

El Real Decreto 110/2015 recoge esta clasificación, pero el cambio de hábito no ha llegado con la misma rapidez que el cambio tecnológico: muchas bombillas LED fundidas siguen acabando en la basura general o en el contenedor de vidrio, junto a botellas y tarros, un contenedor que nunca ha sido el destino correcto para ninguna bombilla.

Bombillas de bajo consumo: un nuevo paradigma de reciclaje

Algo similar, aunque más conocido, ocurre con las bombillas de bajo consumo o fluorescentes compactas, que además de su circuito electrónico contienen pequeñas cantidades de mercurio y llevan años identificadas como residuo peligroso.

El caso del LED es menos conocido porque es más reciente, pero comparte el mismo principio: si una bombilla lleva electrónica dentro, es un RAEE.

Dónde depositarlas correctamente

Tanto las bombillas LED como las de bajo consumo deben depositarse en el punto limpio o en los contenedores específicos para lámparas que muchos supermercados y tiendas de electricidad tienen habilitados en la propia tienda, sin necesidad de comprar nada a cambio.

Así se evita que el mercurio o los componentes electrónicos de su interior contaminen el vidrio reciclado o los residuos generales.