Usted está aquí

¿Conoces los símbolos de las etiquetas de tus aparatos?

Seguro que te ha pasado: compras un nuevo aspirador, abres la caja con toda la ilusión y, al mirar la placa de características o el manual, te encuentras con una sopa de letras y dibujos. Entre ellos, uno se repite siempre, el del contenedor de basura con ruedas tachado con una X y una línea en la parte inferior

Es un símbolo que vemos a diario en la base de nuestro ratón inalámbrico, en el cargador del móvil, la batidora e, incluso, en los auriculares. Sin embargo, todavía hay quien piensa que este se trata solo de una advertencia de que el producto es “frágil” o una simple decoración técnica.

En realidad, ese símbolo es un lenguaje universal que te está pidiendo ayuda, ya que te indica que, cuando ese aparato deje de funcionar, jamás debe acabar en el cubo gris de la basura orgánica ni en el de envases. 

Esta es la señal inequívoca de que tienes en tus manos un RAEE (Residuo de Aparato Eléctrico y Electrónico) y que su destino debe ser un punto de recogida selectiva debido a los materiales que contiene.

Cómo leer la etiqueta energética

Si el contenedor tachado con una línea en la parte inferior nos habla del final de la vida del producto, la etiqueta de eficiencia energética nos habla de su presente y, sobre todo, de nuestra factura de la luz. Desde que la Unión Europea simplificó estas etiquetas, el sistema es mucho más claro, ya  que esta es una escala que va de la A (verde oscuro) a la G (rojo). 

Hoy, ser un consumidor inteligente en el punto de venta significa fijarse en ese semáforo de colores. Además de la letra, estas etiquetas incluyen pictogramas útiles según el aparato, como el ruido que hace en decibelios, el consumo de agua por ciclo o la capacidad de almacenamiento. Por esta razón, leer estos símbolos antes de pasar por caja te permite comparar y elegir el aparato que menos recursos consumirá durante su vida útil en tu hogar.

Seguridad y compromiso ambiental

Más allá de la energía y el reciclaje, existen otros sellos que deberían ser obligatorios en tu radar de compra. El más importante es el marcado CE, que garantiza que el producto cumple con los estándares de seguridad y protección medioambiental de la Unión Europea. 

Otro símbolo que cada vez gana más peso es el de la reciclabilidad del embalaje o el sello FSC, que indica que el cartón de la caja proviene de bosques gestionados de forma sostenible.

Y es que, cuando aprendes a “leer” tus aparatos, dejas de ser un mero espectador y te conviertes en parte activa de la economía circular. Ese pequeño contenedor tachado con una línea debajo que antes ignorabas es ahora un recordatorio de que los materiales de tu viejo secador pueden volver a la vida. 

Por esta razón, la próxima vez que vayas de compras, no te dejes llevar solo por el diseño o el precio. Recuerda que también hay que “escuchar” lo que las etiquetas tienen que decirte.